poemas
edifiqué, palmo a palmo, mi muralla.
Elegí el cofre más seguro
y en el rincón más oscuro
escondí mi corazón
para que no lo hallaran.
Después tejí
la mejor de las corazas
con rencores, con miedos y con rabia.
Me hice un escudo
forjado de tristezas
de reproches y desesperanza...
Elegí mis armas con cuidado
sabía con certeza
que cada día sería una batalla.
Jamás imaginé
que para mi derrota
bastara tu mirada...
Miré tus ojosllenos de luz y de confianza
y para siempre
quedé prendado de ellos,
supe que jamás me alejaría
de tu andar vacilante
y de tus sueños.
Cuando tu mano
se perdió en la mía
me sentí un gigante indestructible...
para caer vencido sin remedio
ante tu primer llanto
o tu sonrisa.
se perdió en la mía
me sentí un gigante indestructible...
para caer vencido sin remedio
ante tu primer llanto
o tu sonrisa.
Quisiera cobijarte entre mis brazos,
defenderte de lo duro de la vida,
pero debes volar,
dejar tu huella,
yo estaré siempre ahí
por si tropiezas,
hijo mío...
defenderte de lo duro de la vida,
pero debes volar,
dejar tu huella,
yo estaré siempre ahí
por si tropiezas,
hijo mío...
mo chao, reflejo sereno
En silencio y serenamente, uno olvida todas las palabras;
y eso aparece ante uno de manera clara y vívida.
Cuando uno lo realiza, es vasto y sin límites;
en su esencia se es claramente consciente.
Esta luminosa percepción se refleja de manera singular,
este puro reflejo está lleno de maravilla.
El rocío y la luna,
las estrellas y los torrentes,
la nieve sobre los pinos
y las nubes colgadas de las cimas de las montañas…
de ser oscuridad se tornan radiantemente luminosas;
de ser oscuridad se convierten en luz resplandeciente.
Infinita es una maravilla que permea esta serenidad;
en su reflejo todo esfuerzo intencional desaparece.
Serenidad es la palabra de todas las enseñanzas.
La verdad del reflejo sereno
es perfecta y completa.
¡Ah, mira! ¡Los cien ríos fluyen
convertidos en rugientes torrentes
hacia el gran océano!
| Diego Castilla |
"Si pudiera vivir nuevamente mi vida,
en la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido,
de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos,
haría más viajes,
contemplaría más atardeceres,
subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido,
comería más helados y menos habas,
tendría más problemas reales y menos imaginarios.
en la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido,
de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos,
haría más viajes,
contemplaría más atardeceres,
subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido,
comería más helados y menos habas,
tendría más problemas reales y menos imaginarios.
Hoja en blanco,
retadora implacable
que me exige que extraiga,
de sus entrañas de ilusiones y miserias,
frases y palabras...
He intentado
obligarla a entregarme
su secreto escondido
pero se burla en mi cara del esfuerzo
y me arroja al exilio.
Entonces busco
por la senda del afecto
alcanzar ese nido
donde cobija inspiración y sueños,
viejos desposeídos.
Primero desconfía...
luego escucha
el canto de sirena de mi alma...
y llega el abrazo del reencuentro
donde se funden olores y latidos.
Al fin,
como viejos amantes,
me recibe en su cama
y brota desde el fondo del orgasmo...
... la palabra!La antinomia “amor o conveniencia”
se presenta a lo largo de la vida
permanente, consecuentemente,
hasta donde te alcanzan las heridas…
Porque te pasa, obsesivamente,
que ese amor que te conviene no te llena
y necesitas para sentirte vivo
esa locura que te traiga de cabeza…
Hay amores convenientes para el alma,
son remanso de paz y de alegría,
son el remedio que cura tu pasado,
luz que te guía a casa cada día…
Pero vuelves a ese volcán ardiente,
sabes que la explosión va a consumirte,
mas el fuego de esos ojos y ese cuerpo
vale el castigo de morir mil veces.
La antinomia “amor o conveniencia”
puede llegar a ponerte de los nervios!
Y es que serte fiel o serles fieles
es el calvario que te quita el sueño!
A no ser claro, que gracias a la vida
hallas solucionado tu problema…
El Buen Amor se cruce en tu camino
y olvides para siempre tu dilema….
,
Y no sabrás siquiera desde cuándo…
para el Buen Amor no existe el tiempo
es ese presente milenario
creado especialmente
por un destello fugaz del universo,
es ese ser que completa tu leyenda,
esa mujer que, en la mirada
y en el alma, lleva la vida…
tomarse tiempo para mirar la vida
detener por un instante la carrera
preguntarse para que estamos corriendo
si olvidamos la meta…
si al fin de cuentas esto se trata
de vivir,
nada más y nada menos
y al final todos vamos a lo mismo:
el mismo sueño
el mismo abismo…
tomarse tiempo para ver adentro
quién está, quién es, qué construimos
con el alma, con los sueños, con la vida
que el infinito nos prestó,
nos dio en custodia
con el deber, sencillo
pero inquebrantable
de que creciera…
tomarse tiempo para repensarse,
bajarse un segundo aunque fuera
de la locura consumista que te envuelve,
te devora el ser, las ilusiones,
el amor…
y ni te diste cuenta
tomarse tiempo, tu tiempo
al fin y al cabo
no es otra cosa que un invento humano
que en inventar cada día sus cadenas
es todo un artista consumado…
después vendrá el psiquiatra que desate
los nudos que forjamos.
Tiempo para el beso, el abrazo,
el mirarse a los ojos
y el te quiero,
el escucharse
(que es mucho más que oírse)
el abrazo que contiene
y que libera.
Y entonces sabrás que lo importante
es más valioso
que lo urgente.
Diego Castilla
Voy por la vida
con mi pasado a cuestas
cual una red de pesca
atada de mis hombros
y mis piernas…
Quiero dejarla atrás,
desprenderla,
pero, al fin, no la dejo…
ni me deja.
En ella arrastro
como un tesoro extraño,
momentos, recuerdos y resabios,
desilusiones a granel, dolores varios,
las mentiras que dije
Y me dijeron.
Promesas rotas, sueños incumplidos,
amores,
desamores
y amoríos…
Al peso del dolor
para ser justo
debo restar el que dejé a mi paso,
y si bien dudo del balance,
no he de negar
que no poco he derramado…
Pero sin dudas
el lastre más amargo
es la culpa que me sigue a cada paso
exigiendo su tributo de vergüenzas,
de temor, de rencores y de llanto.
Y me exige con gesto de tirano
que me disculpe
con los damnificados,
llena mi oído cada día de reproches;
sé que tiene razón
mas no lo hago…
Pero no es orgullo ni vergüenza
lo que me impide aceptar ese reclamo,
sino mi derecho inalienable
a no merecer ser perdonado…
Voy por la vida
con mi pasado a cuestas
como una red de pesca…
Quiero dejarla atrás y liberarme
pero, al fin, no la dejo…
ni me deja…
Diego Castilla
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